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18 abril 2012

Al Problema De La Decisión: “Porqué, Cómo y Cuándo se Restaura”, se Agrega el de: “ Cuánto” ?

M. Silvio Goren*
El investigador debe valerse de los datos que brinda el material de estudio, para ubicar determinada obra en el tiempo y medio de su creación. Conservadores y Restauradores tienen la obligación de procurar la preservación de la materia y también de todos los signos posibles, para permitir que las investigaciones puedan llevarse a cabo sin falseamientos ni complicaciones; tanto sea para rescatar todo valor histórico-documental factible, como para permitir la admiración estética de una pieza.
Pero a pesar de la enorme difusión que han tenido las consignas de la Conservación, cantidad de restauradores siguen ignorando esas pautas y continúan interviniendo “profundamente”, como si “haciendo mucho se hiciera mejor”. Por qué?
Una respuesta es que a los restauradores -que somos fundamentalmente artesanos- nos cuesta cambiar nuestros sistemas de trabajo. No se puede olvidar que los Maestros que nos dieron instrucción, enseñaron que para hacer una buena tarea era necesario que la obra quedara hacer un trabajo “completo y prolijo”, y en especial “a fondo” para prever males futuros. Y aunque hoy día se ha demostrado que esa consigna no responde a toda la verdad, a veces lo ignoramos, quizá sintiendo que traicionamos a nuestros educadores y al conocimiento que nos brindaron.
Hay incluso oficios artesanales -muy relacionados al Patrimonio Cultural-, en los que la tradición está arraigada a través de siglos, y donde será más lento el proceso de concientización.
Otra explicación es que a veces las consignas de “cuidado extremo” se ven demasiado teóricas, porque pertenecen a realidades de instituciones con recursos y conciencia, que no son las de los países subdesarrollados; y los técnicos no terminamos de relacionarlas con el trabajo (a veces desesperado) que estamos haciendo.
Pero yo creo que en el fondo de cada profesional hay una intención de hacer las cosas “lo mejor posible”, y gustaría reflexionar acerca de las razones valederas de la Conservación que han logrado modificar todas las especialidades de la restauración.

FUNDAMENTOS

Una obra es una unidad complementaria de recursos y funciones múltiples. Mientras que los recursos están referidos al estudio y la investigación, las funciones representan las maneras en que el objeto puede ser utilizado o aprovechado para su exhibición y consulta.
Tomaremos el ejemplo de un libro, ya que es uno de los “artefactos” de funciones múltiples más completo, perfecto para simbolizar la secuencia de pensamiento correcta cuando se plantea una propuesta de intervención. Con las modificaciones pertinentes a cada caso, esta práctica puede ser aplicable a todas las otras especialidades.

Entonces, sin discutir sobre la importancia o prioridad de las funciones destacables de un libro, describiremos genéricamente el “para qué sirve” un “artefacto llamado libro”. Y ese análisis nos llevará -por sí solo- a las pautas que fundamentan la Conservación.


MATERIALES Y COMPOSICIÓN

Normalmente un libro está constituido por una materia prima llamada papel. Para poder estudiar documentos u obras de arte plasmados sobre papel, se cuenta con estas características que deben ser preservadas durante cualquiera de los tratamientos conservativos o restaurativos previsibles:

El soporte (el papel con todas sus características físicas y químicas).
El sistema con que se imprime o escribe el eventual texto.
Los materiales tintóreos utilizados para texto, decoración o algún tipo de expresión artística.
La estructura expresiva empleada; linguística, literaria o artística.

Cada una de éstas se diversifica a su vez para multiplicarse en una cantidad de aspectos que involucran distintas especialidades.

FUNCIONES

Una vez producido el libro, los elementos citados pasan a formar parte de un mecanismo que los interrelaciona y multiplica, que puede llamarse función.

La informativa: se refiere al contenido, el texto o material impreso propiamente dicho.
La histórica: puede tener una firma, inscripciones, haber pertenecido a una personasignificativa, implicar una relación con determinada importancia ideológica, etc.
La cultural: puede representar una decoración característica de cierta época o distintiva de un pueblo, grupo artesanal, etc.
La estética: es fundamentalmente relacionada a lo artesanal (la obra puede ser representante de un sistema de impresión o un estilo de encuadernación determinado, conmateriales especiales etc.)
La mecánica: debe servir para posibilitar la maniobra de la lectura o la investigación.
En la mayoría de los casos, la información es algo que precisa conservarse. Y esto se puede hacer fácilmente con recursos que van desde una fotocopiadora hasta la fotografía o la microfilmación. No es “menester” producir retoques y aclaraciones en el original pues eso se produce en los duplicados.
Pero es respecto de la materia donde generalmente abundan las discusiones para determinar hasta qué punto vamos a reemplazar o modificar determinada parte componente. Es allí donde el restaurador podrá hacerse la pregunta clave para encontrar la solución: qué se desea restablecer? Previendo que a lo mejor las exigencias están referidas a sólo una parte del objeto, y no es necesario intervenir sobre otra área.
Si se trata de la parte correspondiente a la expresión artística, deberán restaurarse las partes afectadas haciendo un esfuerzo por preservar todo vestigio de material original y evitar los reemplazos radicales. Es fácil entender que nosotros podemos hacer un trabajo “mejor” o “peor” que el original, pero nunca podremos recrear “el mismo”. Y ya que este punto es bastante subjetivo, con la ayuda de un historiador se podrá encontrar la forma para “sugerir” el aspecto original
Si el caso es la documentación histórico-cultural, no caben discusiones: deberán preservarse y respetarse todos los signos posibles.
Y si es la mecánica, habrá que restablecer la posibilidad de manipular el objeto, salvo que se decida quitarlo de circulación. En ese caso podrán mantenerse separadas algunas partes; para no someterlas a una nueva intervención (en el caso del libro, esto se refiere a guardar las tapas en un recipiente apropiado, para consulta de profesionales especialmente interesados). Pero en caso de requerir nuevamente la función de su uso, hay que tener en cuenta que muchas veces se puede reforzar, sin necesidad de cambiar o reformular el sistema. Todo depende de cuánto se vaya a utilizar al regresarlo a su sitio habitual.
El caso de los libros es muy interesante para la ejemplificación, ya que desde una institución puede desalentarse el manejo indiscriminado. La idea parte en establecer con qué motivo desea consultarlo el usuario. Si es por el contenido, a la persona le dará igual que le entreguen una fotocopia; y recién se le permitirá acceso al original al investigador que acredite interés por las otras “funciones” del objeto, y solicitándole que use guantes de algodón para el manejo. De ese modo se le ahorra al ejemplar una enorme cantidad de manipulaciones innecesarias.
Finalmente, pido a mis colegas que no dejen de consultar a profesionales de otras disciplinas. La consulta no denigra sino que enaltece la responsabilidad profesional de quien la hace; y a través de ella se da cabida al aporte de otras ideas que pueden mejorar considerablemente nuestro trabajo.
Cuando se le solicita al profesional que “escuche” a la obra, para determinar qué es lo que “realmente” está requiriendo, se le está pidiendo que no restaure más allá de lo necesario. Pensemos que nuestros Maestros, puestos en esta realidad, también habrían abrazado los conceptos de la Conservación.

* M. Silvio Goren es Restaurador y docente en materia de Restauración y Conservación.
Site: http://www.silviogoren.com.ar/

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